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Soy puro San Juan del Río




Francisco Pájaro Anaya

De los días que, a veces, no nos llega la inspiración para poder escribir algo, de repente, volteé a un lado y me di cuenta de que estamos en una de las épocas diferentes del año en lo que se refiere a la comida cotidiana, sobre todo, en lo que sucede en algunas de nuestras ciudades como lo es en San Juan del Río, en donde se conservan las tradiciones propias de la cuaresma, mismas que son tan arraigadas en el sentimiento espiritual de los sanjuanenses.

En la cuaresma, las cocinas sanjuanenses se llenan de olores diferentes y de formas de comida completamente propias de una temporada que abarca los meses de marzo y abril y, en algunas ocasiones, el mes de febrero.

Hablar de la sopa de haba, de los chiles rellenos de queso, de las tortas de camarón, de las tortas de papa, de las calabacitas rellenas, del caldo de camarón, de los nopales y de los romeritos y de tantas otras delicias de la comida nos habla de que estamos en cuaresma, la cuaresma sanjuanense.

Con los viernes de vigilia, la comida es sumamente deliciosa y se elimina, por completo, el uso de los alimentos normales de la cocina. En estos viernes de cuaresma, además de las comidas, están las tradiciones que son tan propias de esos días en San Juan del Río, como el Viernes de Dolores o qué decir del primer viernes del mes de marzo que establece la antigua tradición de los 33 credos ante la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Portería.

Sin embargo, la comida, nos lleva a otro contexto, la unión familiar. Por muchos años, este tiempo es tiempo de unión con las familias en torno a la mesa y a la comida propia de esta temporada.

Yo recuerdo, todavía, con nostalgia, que, el Viernes Santo, después de asistir a los oficios religiosos, todos nos dirigíamos a la casa de nuestras familias o de algún conocido a comer los deliciosos alimentos de la cuaresma y era estar mucho tiempo con nuestros conocidos después de los ayunos y la abstinencia propia de estos días.

Así, la cuaresma en San Juan del Río, ojalá, estas costumbres tan propias de nuestra ciudad no desaparezcan y, al contrario, se vayan trasmitiendo a las actuales generaciones que, muchas veces, parecen olvidar lo que nos han enseñado nuestros mayores y que da forma y origen a la identidad de nuestra ciudad.

MT



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Escrito por Visión Ácida

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