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Bauticen a las naciones en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo: Evangelio




Mateo: 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban.
Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado y sepan que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.

 

Reflexión

El misterio de la Santísima Trinidad

Padre Nicolás Schwizer

Instituto de los Padres de Schoenstatt

La solemnidad de hoy nos ofrece la posibilidad de reafirmar una dimensión esencial de nuestra vida: el sentido del misterio. La experiencia cristiana es una experiencia espiritual en la que los sentidos no son desactivados, sino transfigurados por el Espíritu, equipados para soportar el viaje “tremendo” hacia el misterio.

Ciertamente, la revelación llega al hombre por la vía de los sentidos. Pero, luego, los sentidos han de ser purificados, trascendidos, para poder penetrar en la esfera de lo divino. Partiendo de lo que es cierto, evidente, se afronta el viaje hacia las realidades más secretas, hacia lo que está velado, escondido, fuera de nuestro alcance.

La revelación no tiene por objeto explicarnos a Dios, sino ponernos en contacto con su misterio. Y la cercanía misma no pone a Dios a nuestro alcance. Dios, ciertamente, no está lejos. Pero está escondido.

Dios-para-nosotros:

La liturgia de hoy nos ofrece algunas “pistas” que señalan la riqueza del misterio y dan la posibilidad de alcanzarlo para obtener luz y alimento para nuestra existencia.

La primera lectura de hoy, tomada del libro del Deuteronomio, nos permite recorrer el camino hecho por Israel: llegar a Dios por medio de la lectura de la historia, que documenta precisamente lo que Dios hace por su pueblo. Él se hace encontrar poniendo, en el camino del hombre, reclamos precisos, acciones concretas, testimonios inequívocos de su solicitud paterna.

Quisiéramos descubrir quién es Dios en sí mismo. Pero Él, por el contrario, se hace conocer mediante lo que actúa en nosotros. El Dios-para-nosotros es el único rostro del misterio que nos esté permitido ver. Dios, en cierto sentido, deja caer un trozo de su misterio, descubriéndose por medio de su “debilidad” frente al hombre.

Dios-en-nosotros:

El Dios-para-nosotros es también el Dios-en-nosotros, tal como lo enseña San Pablo en la segunda lectura de hoy. El mismo Dios que guía a su pueblo a lo largo de la historia ha puesto su morada en el corazón del hombre y es el Espíritu Divino quien destruye nuestro pasado de esclavos y nos revela un secreto que debería volvernos locos de alegría: somos hijos y herederos y podemos llamar a Dios ‘Abbá’ (Padre). De este modo, se nos pone frente a otra paradoja del misterio de hoy: la revelación de lo que somos y lo que seremos.

Dios-con-nosotros:

El Evangelio de hoy nos deja intuir otra dimensión del misterio trinitario: el Dios-con-nosotros. San Mateo parece ignorar la ascensión. Jesús, en su perspectiva, no ha abandonado la tierra para alcanzar el cielo. Más que de la partida, Mateo insiste en hablar de la presencia de Cristo en medio de nosotros. “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Y, con esa afirmación, termina su Evangelio.

Y, con ese consuelo, Cristo envía a sus apóstoles a convertir los pueblos y a bautizarlos en el nombre del Dios Trino. Por medio de esa tarea misionera y evangelizadora, la Iglesia ha de experimentar y manifestar precisamente el Dios-con-nosotros.

Y, con ello, indica que el misterio trinitario no es una realidad estética, sino dinámica. En efecto, hay un Dios que actúa a favor del hombre, un Espíritu que nos guía hacia el Padre y Cristo, que confía su mensaje a los pasos de sus apóstoles y discípulos de todos los tiempos.

Queridos hermanos, así, el misterio trinitario no es una realidad que está confinada en los cielos. El Dios-para-nosotros, el Dios-en-nosotros y el Dios-con-nosotros nos toca de cerca, se entrelaza con nuestra existencia cotidiana. El misterio del Dios Trino nos hace vivir ahora y siempre.

MT



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Escrito por Visión Ácida

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